martes, 9 de mayo de 2017

Quintillas de mayo

                                Están cayendo en tus sienes
                                chaparrones de alegría
                                mientras siembro en tus quereres
                                matas de romero verde
                                para aromar tu sonrisa.

                                Manan las voces quemadas
                                una fuente de lunares
                                para ahuyentar la nostalgia
                                que en la luz de tu tez blanca
                                puso un vuelo de volantes.

                                El mantoncillo en la alcoba
                                está pidiendo unos hombros
                                porque ve que le hacen sombra
                                un lunar junto a tu boca
                                y una rosa junto al moño.

                                Mayo viejo y siempre nuevo,
                                ¡aguarda tus embestidas!,
                                déjame ser tu reflejo
                                cuando me alcance el veneno
                                de tu piel de margaritas.

                                ¡A los cerros, a los cerros!,
                                ¡vamos al campo, chiquilla!
                                que yo quiero que en mi pueblo
                                cante una cruz de romero
                                su estrofa de clavellinas.

viernes, 7 de abril de 2017

Décima al Viernes de Dolores (IV)

Ayer la luna cantaba
sus coplillas a María.
¿Qué varal no apuntaría
la luz de la noche clara
en un corazón de plata?
Porque en el cielo se acuna
lo que en el siglo deslumbra,
viene envuelto entre loores
otro Viernes de Dolores
con un beso de la luna.

martes, 7 de marzo de 2017

Por marzo...

Era por marzo cuando la luz pujaba por reinar. El niño redescubría las tardes largas en que siempre escuchaba ecos a lo lejos; griterío de chavalería, una bandada de pajarillos que traían la primavera colgada de sus picos, una marcha que sonaba en el horizonte del oído… y el niño se preguntaba, y deseaba averiguar, dónde estaría ensayando la banda.

            La calle olía a miel y cal. Los zaguanes escupían el aroma de lo que sabe a ambrosía por marzo y el niño le decía a los amigos “ahí están haciendo torrijas”; y era fácil que escuchara un “yo creo que son pestiños, huele a masa…” Mientras, por las aceras se abrían paso capirotes de cartón blanco de ancá el Mosca por entre las escaleras de quienes encalaban sus fachadas.

            Por marzo, el niño no jugaba en la calle a lo de siempre; el trompo, la lima o el “al cielo voy” quedaban aparcados hasta Pascua de Resurrección, porque por marzo jugaba a los pasitos, con todos sus avíos. Faldones de tela barata, hachones con tapones de Casera, respiraderos de cartón y purpurina, varales hechos con los tubitos de los zapatos cogidos de la zapatería del Celia… ¡Y hasta cabildos y cultos muy solemnes! Por supuesto, con su mijita de incienso escamoteado de la hermandad, la de verdad…

            Y al punto del crepúsculo, un azul mortecino bañaba la cocina de la abuela, la amplia estancia con aquella mesa de patas robustas y ancho cajón en el que siempre rodaba el mazo del almirez cada vez que se abría. Encima, el lebrillo de los pestiños, cubierto con blanco paño, como queriendo ocultar un misterio vernal que resbalara por la miel.

            Era por marzo cuando cualquier día escuchaba que esa noche ensayaba no sé qué cuadrilla, y entonces tocaba darle la coba a la madre para que le dejara ir. Esa misma madre que siempre le decía que si quería ir con ella al Septenario tenía que estar en casa pronto para ducharse y vestirse de limpio, porque al Septenario no se iba de cualquier manera.

            Y de camino a la iglesia, el aire templado se tambaleaba borracho por la fragancia que ya habían parido los naranjos.

            Era por marzo cuando el niño aprendió que esta tierra es poesía. Ese niño que aún corre dentro de mí.


domingo, 19 de febrero de 2017

Partitura de la luna (VII)

                                                    Un reflejo en la ventana
                                               ha encendido el aspaviento.
                                               Un grito al sentimiento
                                               en la noche soberana.
                                               Su claro alienta la calma
                                               de la luz sobre el alféizar,
                                               y en el piano lo teclea
                                               un Debussy muy cercano
                                               para anunciar a mi canto
                                               que esta noche hay luna llena.


miércoles, 16 de noviembre de 2016

Partitura de la luna (VI). Superluna


                                                     (14 de noviembre de 2016)
               
                              Días menguantes… Pereza…
                              Corre el mes como trasunto
                              de un poema de difuntos
                              cuando la luz muere lenta.
                              Leonard es ya sementera
                              de tinieblas y penurias.
                              Entonces… ¡superluna!
                              ¡Un grito blanco en el cielo,
                              la flor clara de un deseo
                              que siempre nace oportuna!

jueves, 10 de noviembre de 2016

Partitura de la luna (V)



¿Y esas noches en que no se le ve?
Miro y miro el manto negro, mas…
no se le ve.

Pasa en esta noche de calma.
Miro y miro el manto negro, mas…
no se le ve.

Alzo la vista, la busco, la llamo, mas…
no se le ve.

¿Qué esquiva hoy su figura?
¿La oculta un sortilegio?
¿Por qué solo estrellas en este páramo
sin luz?

Miro y miro el manto negro, mas…
no se le ve.

Y cuando no se le ve,
la noche,
noche no es.

lunes, 26 de septiembre de 2016

La memoria (musical) recuperada


Quien bien me conoce sabe que soy un empedernido melómano. La música vive conmigo, me acompaña en todo momento, y me alegra, me entristece, me evoca, pero sobre todo me emociona. Mis gustos en cuanto a música moderna se los debo a mi hermano mayor, Manolo, Lito para todo el mundo. Su fabulosa colección de discos hizo descubrirme un universo de bandas y autores desconocidos para el gran público, pero de una calidad igualmente desconocida. En los años de mi infancia y primera juventud gocé enormemente escuchando discos de The Smiths –con aquellas espléndidas carátulas-, Saint Etienne, Tindersticks, The Jayhawks, Belle and Sebastian… y tantos otros grupos anglosajones o del fructífero panorama indie español. Bandas que, Dios las libre, jamás ganarían un Grammy de esos con que la gran industria aborrega al personal inocente, pero que me señalaron el camino de la música de culto y calidad, en la línea en que siglos atrás lo hicieran Bach, Mozart, Fauré, Debussy o Falla.

            Pero mi hermano se casó, y con él se marchó esa fantástica discoteca que instruía mis conocimientos musicales. Gran orfandad para mi persona. Eran años en que no había un acceso tan fácil a la música que deseabas escuchar. Ahora la cosa es muy distinta, y gracias a Spotify y a Youtube, estoy recordando nombres, y a la vez, reencontrándome con enormes canciones que estaban ya olvidadas. Estoy seguro de que a todos os ha pasado alguna vez que os habéis encontrado con una fotografía, una prenda o un simple objeto que teníais ya completamente olvidado y el simple reencuentro os ha devuelto a un mundo de agradables sensaciones, de gustos en paladares ya secos, de emociones marchitas por el implacable avance del calendario. Eso me está pasando a mí con la música que se fue de casa. Y cada reencuentro supone una brizna de escalofriante emoción, de incontenible alegría, de… ¿nostalgia? Qué grande es la música, que con su simple susurro provoca un seísmo en mis tranquilos vellos.

P.S. 1: mi último reencuentro ha sido con este delicioso tema de los Waterboys, que os dejo más abajo.
P.S. 2: le debo una “novena” a Spotify y a Youtube…